Publicado por Sergio Rodríguez Alvarado en www.ficticia.com en la sección de Embarcaderos bajo el pseudónimo de Berry
9 de Junio de 2001 a las 21:20
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Don Matías era un hombre respetado. Pero no murió como don Pantaleón, en su cama y con todas las asistencias cristianas.
Yo he visto morir a mucha gente. La mayoría de viejos, pero otros no.
Don Matías no se murió de viejo. Apenas andaría por los cincuenta y tantos.
Le gustaban mucho las guayaberas blancas y pasearse los domingos por la plaza para saludar a la gente, porque era muy saludador él. Y como era el comisariado ejidal pues todo mundo le contestaba el saludo prontamente.
Así y todo, se tuvo que morir.
Los balazos los recibió por la espalda. Pero no fue una traición. Lo que pasa es que se acobardó a la hora de la hora y quiso correr justo al momento de los disparos.
No fué una traición, fue cosa de hombres, pues.
Cayó boca abajo y el sombrero por un lado. Uno de esos caros que por aquí no se venden. Todavía lo traía adornado con los listones que había quitado de las trenzas de Micaela.
No era tan viejo don Matías, y a decir de las mujeres del pueblo todavía era un buen partido. Sobre todo ahora que andaba metido en eso de la política.
Lo enterraron sin llantos porque no tenía familia, y como no creía mucho en Dios --además de que el cura viene al pueblo sólo dos veces al mes-- pues hubo que echarle tierra sin consagrar.
Como quiera, era gente del pueblo y todos lo recuerdan todavía con respeto.
Micaela ha cambiado mucho desde entonces. Ahora se le ve como más mujer de su casa, como más aseñorada. Sigue igual de bonita, claro, pero ya no se ríe cuando la miran los hombres, ni les devuelve la mirada.
Debe haber sufrido por don Matías pero no lloró por él.
Tampoco ha vuelto a amarrarse listones aunque todavía, a veces, se hace trenzas.
Es inteligente la Micaela, además de bonita...
Sabe que yo también soy un hombre respetable y que ya no podría perdonarla si volviera a poner mi honor en boca de la gente.
Berry
Vaya! Hasta ahora conozco tu voz campesina interior, jaja. Me agradó. Un beso.
ResponderEliminarHola Yun...!! Celebro que te haya gustado la historia.
EliminarEn cuanto a mi voz campesina, no es de extrañar... después de todo nací en un pequeño pueblito campesino y de vez en cuando se me cuelan los orígenes entre las capas de barniz que me han ido cubriendo con el paso de los años.
Y por si te interesa saber como surgió la historia, te diré que don Matías fué un señor principal de mi pueblo, que efectivamente llevaba guayabera blanca el día que lo mataron y que aunque no se supo exactamente cómo ocurrieron los hechos y su sombrero no estaba adornado con listones, no me extrañaría que alguna Micaela hubiera estado involucrada en el asunto y que hubiera yo inventado el verdadero motivo de su muerte.
Por cierto que nunca pudieron atrapar al que lo mató. Y al decir de las gentes del pueblo eso fué por culpa del amigo que, al querer ayudarlo, lo volteó cuando él había caído boca abajo (pues era bien sabido que si un muerto cae boca abajo, al asesino se le traban las piernas y no puede escapar). En fin, el asunto no ocupó la atención por mucho tiempo pues todos esperaban ya que ocurriera alguna desgracia... No en vano los perros habían estado aullando tan feo la noche anterior y aquella enorme mariposa negra, que había entrado a varias de las casas del pueblo, se había ido a parar después en la cruz del Mapache justo enfrente de donde cayó don Matías...
Te envío un beso y un abrazo enorme.
Oh la mística rural!!
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